
Novedad: Liturgia de los bosques
Darío Jaramillo Agudelo, 2026

Eran los años de 1987, nuestra ciudad Medellín, aquejada por la indolencia de la guerra entre carteles no dejaba espacio para el sosiego, estas pulsiones mortíferas no permitían que niños, jóvenes y adultos permanecieran en la calle (el lugar de juegos, diálogos, juerga, el espacio donde nuestra comunidad se expresa de forma vital), ya que el toque de queda no oficial entraba en vigencia cada día y a toda hora; las calles se fueron oscureciendo, el temor se apoderaba de las gentes, la muerte se agazapaba en las esquinas esperando el corazón de un joven, que por el hecho de vivir en la comuna ya cargaba con el estigma del sicario, del violento asesino en moto, del “pelaíto que no duró nada”, del “no nacimos pa'semilla”; y aquí si vale decir que la vida no valía nada y a nadie le importaba qué ocurría con los otros muchachos que habitaban las calles y casas que cuelgan de estas laderas.

Darío Jaramillo Agudelo, 2026

Vigilada Mineducación